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Lo que Trump hará por israelíes y palestinos
Si atendemos a sus asesores sobre Israel, Trump puede ser el presidente más proisraelí de la historia. Ha prometido no presionar a ninguna de las partes para un acuerdo, pero sí puede forzarles a negociar

La victoria de Donald Trump ha desatado una tormenta en todo el mundo y sobre todo en Occidente. Los expertos y comentaristas han generado ríos de tinta preguntándose constantemente por qué ganó, qué hará, y qué consecuencias tendrá su mandato. Una de las cuestiones que suscita más dudas es la política exterior. Ciertamente, los analistas, en su mayoría muy escépticos con los pasos que la futura Administración Trump podría dar en el exterior, no albergan una opinión unánime al respecto. Emily Tamkin dice en Foreign Policy que su política exterior será impredecible. Carl Bildt, ex primer ministro sueco, apunta que, hasta que no veamos las caras de su equipo, no podremos saber o predecir el rumbo de sus políticas. Son varios, y muy importantes, los desafíos que el presidente Trump tendrá que afrontar en la arena internacional, y en definitiva, nadie tiene claro cómo va a plantearlos.
Indudablemente, en política exterior Trump es aislacionista, y cree que las organizaciones internacionales restan soberanía a las naciones-Estado. Dada esta posición, férreamente en contra del internacionalismo desarrollado desde la Segunda Guerra Mundial y capitaneado por EEUU, es previsible que lleve a cabo iniciativas bilaterales con algunos países e ignore y desconfíe de la ONU y de los demás organismos multilaterales. A este respecto, Philippe Legrain opina que Trump será un desastre para el orden mundial vigente. Joseph Nye, profesor de Harvard y una autoridad en geopolítica estadounidense, es más optimista en lo relativo a Oriente Medio y señala que es imposible que Trump se desentienda de la zona. En todo caso, Trump parece decantarse por un perfil hamiltoniano, es decir, mirar al exterior sólo cuando los intereses nacionales estén en juego.
En este sentido, el proceso de paz entre israelíes y palestinos es uno de los asuntos más relevantes que hereda Trump en la mesa del Despacho Oval. Las conversaciones de paz están ahora estancadas, y la internacionalmente apoyada solución de dos estados está más lejos que nunca. Sin embargo, la paz entre ambos pueblos ha sido un asunto central en las administraciones norteamericanas durante las últimas décadas, y ha sido además un anhelo de la comunidad internacional, que tradicionalmente ha visto la solución del conflicto como una forma de estabilizar Oriente Medio.
Trump es indudablemente favorable a Israel desde hace mucho tiempo, y es amigo personal de Netanyahu. Aunque muchos temen su impredecibilidadEn la primera entrevista tras las elecciones, concedida al Wall Street Journal, Trump puso como una de sus prioridades en política exterior un acuerdo permanente entre israelíes y palestinos. No obstante, durante la campaña se mostró errático. Primero afirmó que sería neutral —aduciendo que era la única forma de alcanzar una paz justa— y posteriormente su equipo de campaña se mostró claro en que no ejercerían presión ni sobre israelíes ni sobre palestinos. En las declaraciones que hizo al Israel Hayom, el diario de más tirada en Israel, y con una línea editorial marcadamente conservadora en términos políticos israelíes, aseguró que "una paz justa y duradera debe alcanzarse mediante negociaciones entre las partes, y no debe ser impuesta por otros". Aunque Trump no impondrá presumiblemente ningún plan o solución a las partes, sí puede perfectamente forzar unas negociaciones, al decir del analista del Middle East Institute Eran Etzion.
En lo que al conflicto se refiere, Trump es indudablemente favorable a Israel. No es una simpatía coyuntural, sino que viene de lejos. Es amigo personal de Netanyahu, al que recomendó en un vídeo para las elecciones israelíes de 2013, y en 2015 la revista Algemeiner le premió por fomentar las relaciones entre EE UU e Israel -ya en 1983 el Jewish National Fund le premió por la misma razón-. Netanyahu, que intentó mantener un perfil bajo en las elecciones -algo que no hizo en las de 2012 - no tardó en felicitar a su amigo por la victoria. En el vídeo de felicitación, Netanyahu difícilmente oculta su entusiasmo, y es que, tras ocho años de desencuentros con Obama, el premier israelí vislumbra una luna de miel con la nueva Administración.

Si atendemos a sus asesores sobre Israel, Dov Greenblatt y David Friedman (este último, posible nuevo embajador norteamericano en Israel) y la declaración conjunta que muestra las líneas maestras que supuestamente guiarán la política de Trump de cara al conflicto, Trump puede ser el presidente más proisraelí de la historia. Así, la declaración deja claro que la relación EE UU-Israel es irrompible, que la construcción de asentamientos no es un obstáculo para la paz, condena al movimiento BDS, las resoluciones de la UNESCO sobre Jerusalén (la cual califica como la capital eterna e indivisible de Israel) y desecha la solución de dos Estados en la situación actual. En suma, es un manifiesto que encaja a la perfección con la narrativa del primer ministro israelí y de su coalición de gobierno. En esta línea, además de la alegría de Netanyahu, Naftalí Bennet, el ministro de Educación, y líder del partido Habait Hayehudí (el hogar judío) fuertemente contrario al Estado Palestino, no se contuvo cuando Trump ganó las elecciones y dijo que “la era del Estado Palestino se había terminado”. Ben Caspit advierte en Al Monitor que quizás Trump no es tan ideal para los intereses de la derecha en Israel ya que es impredecible y está fuera de toda influencia del AIPAC y otros lobbies proisraelíes: ciertamente, Trump siempre ha hecho gala de su completa independencia de los grupos de presión.
Mientras designa su gabinete -como Secretario de Estado las quinielas apuntan a John Bolton, embajador ante la ONU durante la Administración Bush, y abiertamente amigo de Israel- algunas de sus futuras acciones de cara a Israel y a los palestinos se han ido esbozando. Según ha afirmado el mismo David Friedman, Trump trasladará la embajada americana a Jerusalén (algo aprobado por el Congreso en 1991 pero pospuesto por todos los presidentes). De acuerdo con Julian Ku, profesor de derecho internacional de la Universidad de Yale, Trump está también habilitado para reconocer a Jerusalén como capital de Israel, algo que rompería todos los puentes de diálogo con los palestinos ipso facto.
El equipo de Trump ha prometido trasladar la embajada americana a Jerusalén, algo aprobado por el Congreso en 1991 pero pospuesto por todos los presidentesPero más allá de acciones similares, no hay que olvidar que, por encima de todo, Trump es un hombre de negocios. Si las demás Administraciones fallaron en conseguir un acuerdo de paz, él presumiblemente no invertirá muchos recursos en ello, a no ser que tenga claro que la operación traerá réditos. La misma actitud puede adoptar frente a Irán: si bien repudia el acuerdo nuclear, puede que no lo toque. Además, y pese a que su asesor sobre Oriente Medio en campaña ha sido el académico cristiano y libanés Walid Phares (asesor de Mitt Romney en el pasado), quien por su currículum presumimos que apoya el intervencionismo neoconservador, las pruebas apuntan a que Trump será un presidente aislacionista; incluso existe el riesgo de que Trump se olvide del conflicto, y de todo Oriente Medio, y deje a Rusia hacer y deshacer en la zona, sobre todo en lo concerniente con los iraníes.
Aaron David Miller, uno de los mayores expertos norteamericanos en Oriente Medio (trabajó para Clinton y Bush Jr. como asesor sobre el conflicto entre israelíes y palestinos) sigue esta línea y es del parecer que Trump no invertirá esfuerzos si no puede sacar beneficios. Al entender el mundo como un juego de suma cero, sus prioridades en el exterior, y sobre todo respecto a Oriente Medio, se ordenarán siguiendo una lógica de pérdidas y ganancias.
A pesar de la imprevisibilidad de Trump, y de su carácter, como sus antecesores, intentará que, de una vez por todas, se logre una paz entre israelíes y palestinos. Atendiendo a sus declaraciones, “le encantaría hacer la paz” y nada apunta a que, al menos, no lo intente. Podría incluso utilizar su buena sintonía con el gobierno israelí para favorecer un acuerdo de mínimos. No será su principal prioridad, y no parece que vaya a tener éxito sino apoya la creación de un Estado palestino independiente.
Trump podría seguir deparando sorpresas. Habrá que esperar.
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La reintegración silenciosa de los ultraortodoxos en Israel

El papel de los ultraortodoxos en Israel -conocidos también como jaredíes, que en hebreo significa 'temerosos' [de Dios]- ha trascendido a la opinión pública internacional con ciertas distorsiones. El hermetismo de las comunidades jaredíes y sus posturas cada vez más divergentes con las tendencias sociales y políticas actuales han propiciado una imagen negativa y retrógrada en el mundo occidental. Pero el colectivo jaredí y sus correlaciones no soportan un análisis tan simple; y mucho menos si examinamos la necesidad acuciante y existencial de Israel de integrar a los jaredíes con el resto de la sociedad.
Tras la modificación de la Ley Tal en el año 2013 -declarada inconstitucional por el Tribunal Supremo un año antes-, por la que se pone fin, gradualmente, al privilegio de la comunidad jaredí de no hacer el servicio militar obligatorio (tres años para los hombres, dos años para las mujeres) siempre y cuando se acredite estudiar en una yeshivá (escuela religiosa), ha comenzado una nueva era en Israel: la integración de los ultraortodoxos en una sociedad abierta y de corte occidental a la que han repudiado tradicionalmente. Una transformación que definirá a Israel en los años venideros, y que también está escapando a la lupa del imaginario colectivo.
Para entender la reconversión actual, es necesario volver a los orígenes de la comunidad jaredí en Israel, entender por qué tienen un considerable poder político en relación a su masa social, comprender el problema que supone para Israel su no integración y analizar las distintas vías silenciosas que se están tomando para revertir la tendencia.
De guardianes del pueblo a privilegiados
El jaredí es en su inicio un movimiento europeo que surge en contraposición a las corrientes reformistas que nacen en el seno del judaísmo tras la emancipación que comenzó el siglo XVIII. Hoy, el movimiento es menos ecléctico y existen varias vertientes, las cuales están enfrentadas entre sí en infinidad de aspectos. Hay grandes comunidades jaredíes en Nueva York, Londres o California. En Israel, los jaredíes son todos aquellos judíos que han construido un modo de vida centrado en el cumplimiento a rajatabla de todas las leyes y preceptos contenidos en el Talmud, lo que les hace estar adscritos a una yeshivá, estar por tanto sometidos al consejo y dirección, casi siempre vinculante, de uno o varios rabinos, y vivir concentrados en pequeños ecosistemas creados para estar, lo máximo posible, al margen de la sociedad.
En 1948, antes de la creación del Estado de Israel, los jaredíes se agrupaban bajo la organización Agudat Israel, y su proporción en la población total se alejaba de la actual: la Oficina Central de Estadísticas de Israel prevé que la población jaredí llegará a 1,1 millones en 2019, y para 2059 estima que se situará entre 2,73 y 5,84 millones sobre un total de israelíes que oscilará entre los 6,7 y 9,95 millones. En el presente, los jaredíes tienen un crecimiento vegetativo de un 6% anual, mientras que la tasa de crecimiento del resto de la población es de un 1,8%.
Los jaredíes tienen un crecimiento vegetativo de un 6% anual, mientras que el del resto de la población es de un 1,8%. Se prevé que para 2059 serán entre 2,73 y 5,84 millones, sobre un total de israelíes que oscilará entre los 6,7 y 9,95 millonesEn aquel entonces, los jaredíes representaban la tierra que los judíos no habían tenido durante 2.000 años: la religión. Durante el exilio y la diáspora, fueron el Talmud, la creación de comunidades, la proliferación de yeshivas, el 'modus vivendi' acorde a los mandatos religiosos y la figura rabínica, los elementos que mantuvieron al pueblo unido y sin diluirse. La religión fue para los judíos el escudo en donde guarecerse y protegerse de expulsiones, persecuciones y matanzas que solo cesaron con el nacimiento del Israel moderno.
De esta manera, David Ben Gurión, el padre fundador del Estado de Israel, buscó el apoyo y el consenso con la comunidad jaredí, principalmente para rendir un homenaje a la religión por razones morales e históricas y, sobre todo, para mantener la unidad del pueblo judío ante la nueva etapa que se abría -la unidad es una obsesión que han tenido todos los grandes líderes del pueblo judío desde el amanecer de los tiempos-. El mismo Ben Gurión pronunció entonces una frase que definía perfectamente la necesidad de incluir a la religión en el nuevo resurgir nacional del pueblo judío: “Cuidamos al Libro y el Libro nos cuidó a nosotros”. De hecho, aunque el Mandato Británico terminaba el sábado 15 de mayo, Ben Gurión adelantó la declaración de independencia un día antes puesto que en el Shabbat o el día sagrado de descanso no se puede trabajar ni crear nada, mucho menos un Estado, y muchísimo menos, el Estado judío. Ben Gurión se saltó el plazo solamente para contentar a un sector que abanderaba la supervivencia durante los últimos dos milenios, y que infundía un profundo respeto a la restante población judía.

No obstante, desobedecer los plazos marcaros por la ONU no fue la única concesión que Ben Gurión hizo a los jaredíes. Para garantizar la cohesión con los sectores religiosos, respetados por sectores laicos como guardianes del pueblo, y mantener la idiosincrasia judía del nuevo Estado, Ben Gurión aceptó otorgarles ciertas competencias y privilegios, y aprobar determinadas leyes que chocan con la esencia de la democracia occidental.
Así, se les otorgó la potestad de decidir quién era judío y quién no (aunque la Ley de Retorno exija tener al menos un abuelo judío -en contraposición a las Leyes de Nuremberg- para obtener automáticamente la nacionalidad israelí, según la ortodoxia, judío es aquel nacido de madre judía o convertido según el rito ortodoxo), obtuvieron competencia absoluta sobre los matrimonios (en Israel no existe matrimonio civil, aunque las parejas de hecho están reconocidas legalmente y derivan de ellas todos los derechos asimilables a un matrimonio), se les permitió regir sus conflictos y disputas mediante tribunales religiosos (prerrogativa que lógicamente no incluye los delitos y las faltas y todo lo concerniente al derecho penal) y se les concedió el privilegio más polémico de todos: la exención del servicio militar obligatorio si acreditaban estar inscritos en una yeshivá.
Cuando el Estado empezó a funcionar, los jaredíes empezaron a recuperar ese mundo único y adaptado a sus necesidades barrido en el Holocausto -una constelación de pueblos enteros formados por jaredíes que se extendía por toda Europa Oriental fue exterminada por los nazis-, pero ahora en la tan anhelada Tierra Prometida.
Una sociedad hermética dentro de otra
Es cierto que la mayoría de los hombres jaredíes se dedican al estudio de la Torá y del Talmud, y que su sustento se basa en recaudar fondos para las yeshivas y en las subvenciones públicas -en torno a un 60% de jaredíes vive en el umbral de la pobreza-. Sin embargo, en 2013 la Oficina Central de Estadísticas cifraba en un 42% los hombres jaredíes que están en el mercado laboral; un porcentaje que crece en las mujeres jaredíes, quienes suponen una ventaja para muchas empresas: a cambio de exigencias como trabajar a media jornada o cerca de sus domicilios, se contentan con salarios bajos.
A esta dualidad laboral hay que sumar la tensión social con los ciudadanos que sí tienen que cumplir con el servicio militar. La mejor definición del panorama la recoge un chiste que cada vez se repite más -y que incluye también a los árabes israelíes-. “En Israel, un tercio de la población va al ejército, un tercio de la población trabaja y un tercio paga impuestos. Y siempre es el mismo tercio”.
El rabino Dov Lipman es uno de los jaredíes que intentan revertir esta situación con el mantra “todos debemos compartir la carga”; mientras tanto, dicha situación es una bomba de relojería que no estalla debido a las amenazas diarias con las que Israel tiene que lidiar.
Además del trabajo y del ejército, el estilo de vida jaredí es apartado y hermético. Los jaredíes evitan la socialización con los judíos laicos (el 40% de la población israelí se considera laica) y todas las convenciones sociales que no estén aprobadas por sus rabinos de referencia. Constituyen una comunidad segregada que se concentra en barrios concretos a lo largo de todo Israel; el más emblemático es Mea Shearim, en Jerusalén, en donde se corta el tráfico en Shabbat y en donde, mediante carteles callejeros, se ruega vestir ropa recatada. Ahora bien, este paisaje calcado al de los pueblos de Europa Oriental de tres siglos atrás no implica que no hagan uso de algunas ventajas contemporáneas como la tecnología. Usan ordenadores, teléfonos móviles, coches, electrodomésticos, y todo lo que les facilite continuar con su modo de vida.
Por si fueran pocos todos estos focos de fricción, hay sectores jaredíes que, aunque sean minoritarios, rechazan totalmente Israel como Estado nación -según ellos, solo el Mesías debe crear un reino para los judíos- pero no dudan en aceptar las ayudas sociales del Gobierno cuando las necesitan.

El poder de la bisagra
Los jaredíes han entendido perfectamente el engranaje de la democracia; aunque parezcan una población poco receptiva a ella, aceptan muchos de los mecanismos que sirven a sus intereses: van a votar en masa y según la organización Hiddush, que promueve la libertad religiosa, un 56% de los jaredíes está a favor de que exista libertad de culto. En este sentido, los privilegios y competencias de los jaredíes se mantienen porque han conseguido hacerse los 'kingmakers' o bisagras en el Parlamento israelí desde los años setenta, cuando la izquierda deja de ser hegemónica. Siendo la llave de muchos ejecutivos, los partidos mayoritarios han evitado enfurecerles. Actualmente, hay dos partidos políticos jaredíes con representación parlamentaria y con carteras en el Gobierno -en el anterior no estaban, de ahí que se pudiera modificar la Ley Tal-: Judaísmo Unido de la Torá y Shas, ambos con un 10,73% del voto en las elecciones del año pasado y con 13 escaños (de 120).
Los privilegios se mantienen porque han conseguido hacerse los 'kingmakers' del Parlamento israelí desde los años 70, cuando la izquierda deja de ser hegemónicaApoyados por el poder de la Rabanut (el ministerio público religioso encargado de las competencias antes mencionadas) y de los escaños en el Parlamento, han obtenido una influencia que no está acorde con el porcentaje de población que representan, y han conseguido que la religión sea un debate central en las inquietudes políticas de los israelíes. A este respecto, en enero de 2012, un 40,9% de los israelíes decía que la posición respecto al papel de la religión influiría mucho en el destino de su voto. Un mes antes, en diciembre de 2011, un 64,5% se mostraba preocupado por el aumento del radicalismo religioso en Israel.
La reintegración: el ejército como paradigma
Tener casi un 20% de la población que intenta vivir, en la medida de lo posible, totalmente aparte del restante 80% es un problema para Israel -como lo sería para cualquier país moderno-. Por ello se modificó la Ley Tal y por ello se está llevando a cabo una reintegración silenciosa de la comunidad jaredí -de ser forzosa, llevaría a un cisma peligroso no deseado por la sociedad en su conjunto-. Una victoria electoral jaredí o que uno de cada tres niños pida ingresar en una escuela religiosa puede acabar no solo con la democracia, sino también con los motores económicos del país, como las nuevas tecnologías, y con el Estado de bienestar. Una sociedad sin alta formación caería en actitudes autoritarias y no podría mantener el nivel económico actual de Israel.
Y es que los jaredíes envían a sus hijos a sus propias escuelas, en las que no se les enseñan materias comunes como ciencias naturales o inglés. El periodista israelí Sever Plotzker fue claro respecto al fenómeno de la segregación y atraso educativo en los jaredíes: “El carácter del Estado de Israel como un país occidental desarrollado está siendo amenazado por la existencia continuada del sistema educativo segregado jaredí, que no enseña las asignaturas esenciales y básicas que proporcionan las habilidades necesarias para ganarse la vida en el siglo XXI”. Solo un 28% de los jaredíes tiene títulos universitarios, en contraposición al 80% de los no jaredíes -y eso que Israel ocupó el segundo lugar de la OCDE en términos de porcentaje de la población de 25 a 64 años que han alcanzado la educación superior-. El prestigioso economista israelí Daniel Ben David ha resumido el problema perfectamente: “Si casi la mitad de los niños de Israel están recibiendo una educación del tercer mundo, pronto tendrás una economía del tercer mundo”.
Una victoria electoral jaredí o que uno de cada 3 niños pida ingresar en una escuela religiosa puede acabar no solo con la democracia, sino también con los motores económicos del país, como las nuevas tecnologíasEn consecuencia, cuando muchos jóvenes jaredíes intentan salir de sus comunidades cerradas y emprender un modo de vida distinto, encaran serios problemas, entre ellos, enfrentarse a un mundo laboral competitivo con una formación mínima, lo que hace más difícil la integración. Hillel es una de las organizaciones que se encargan de integrar a esos jóvenes que han escapado de la vida jaredí. Les brindan asistencia psicológica, les proveen sustento mientras dure la formación y les ayudan a encontrar trabajo. No es la única organización que está haciendo fortuna en este campo.
El rabino jaredí Dov Lipman estuvo a su vez liderando un grupo especial de trabajo creado en el Parlamento que buscaba formas de reintegrar a los jaredíes en la sociedad. Esta reintegración no comporta que cuelguen los hábitos, sino que, como hacen muchos israelíes que también se consideran religiosos, adapten sus creencias y hábitos a la vida social y laboral. En palabras de Lipman, que fue militante del partido Am Shalem (formado por jaredíes que querían abrirse a la sociedad, conocidos también como 'nuevos jaredíes') y luego del partido laico Yesh Atid: “No fue siempre así, hasta 1977 el porcentaje de jaredíes que trabajaban era de un 80%, pero cuando formaron parte del Gobierno de Menahem Beguin, empezaron a obtener todas esas subvenciones”.
Las empresas privadas también contemplan la necesitad de integrar a los jaredíes y están actuando en consecuencia. Por ejemplo, el mayor fondo de capital riesgo de Israel, el Jerusalem Venture Partners, lleva celebrando desde 2014 la 'Haredi High Tech Conference', con el objetivo de mostrar a los jaredíes el mundo de oportunidades que les abren las nuevas tecnologías.
Pero estos intentos de integración no son los primeros. Como en muchas otras materias en Israel, el ejército ha sido uno de los pioneros en sacar a los jaredíes de sus barrios. En 1999, se creó la unidad Najal Jaredí, acomodada a todas las exigencias religiosas de los ultraortodoxos, con un servicio de tres años de duración -como para todos los hombres-, alternando el último año con cursos académicos para facilitar la entrada de los reclutas en el mercado laboral. Empezó con 30 soldados y ahora cuenta con más de 1.000. Gracias al éxito modesto pero progresivo de Najal Jaredí, y tras la reforma de la Ley Tal, el ejército creó la unidad de infantería Tomer en agosto de 2014. Tomer cuenta con 240 reclutas, y durante el pasado mes de diciembre 550 jaredíes se alistaron a otras distintas unidades del ejército, especialmente en la fuerza aérea y en la marina.
El ejército, como institución más importante del país, puede ser el paradigma para una reintegración lenta pero estable, silenciosa pero efectiva, de la población jaredí; así lo ve el viceministro de Defensa, Eli Ben Dahan: "Ellos [los soldados jaredíes] pueden ser embajadores en sus comunidades y decir que el ejército merece la pena y que es acogedor (…) Veo en esto una gran esperanza y creo que existe una alta probabilidad de que vayan a recomendar este camino a sus amigos".
Israel tiene un problema con los ultraortodoxos y está intentando solucionarlo sin levantar mucho revuelo. Dadas las circunstancias, todo apunta a que la estrategia silenciosa está siendo efectiva.

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El Presidente Rivlin en ceremonia de colocación de la primera piedra de la nueva Biblioteca Nacional de Israel
Abril 19, 2016
El Presidente Rivlin en ceremonia de colocación de la primera piedra de la nueva Biblioteca Nacional de Israel
El Presidente, Reuven Rivlin, el pasado martes estuvo en la ceremonia de la piedra angular para la nueva Biblioteca Nacional de Israel en construcción en Kiryat Shalom (Quarter Nacional). También estuvieron en el evento el primer ministro Netanyahu, Lord Rothschild, David Gottesman, y David Blumberg, Presidente del Consejo Nacional de la Biblioteca. Estuvieron presentes Knesset Edelstein, Ministro de Jerusalén Elkin, líder de la oposición Herzog, así como otros miembros del Knesset y los invitados de honor.
Durante la ceremonia, el Presidente le presentó a David Blumberg, en la Biblioteca Nacional, un libro escrito a mano que había pertenecido al padre del presidente, y contenía una serie de poemas y fragmentos de las rabino Israel Nájera (1555-1625). “Este libro escrito a mano fue comprado por mi padre”, dijo el presidente, “que contiene los poemas de rabino Israel Nájera, así como poemas en persa. Estoy seguro de que el departamento de textos escritos a mano serán mas capaz de entender todo lo que es escrita en ella. Quiero aprovechar esta oportunidad para confiar en este texto para su conservación en la Biblioteca Nacional”.
El Presidente señaló que la colocación de la primera piedra de la nueva Biblioteca Nacional de Jerusalén era una celebración para todos los amantes de la lectura, y para el Pueblo del Libro. El dijo: “El proceso histórico inspirador de nuestro regreso a la tierra de Israel no es sólo la historia de un regreso físico, sino un proceso de un retorno espiritual e ideológico a la riqueza de la cultura creada por el pueblo judío. Un retorno a la libertad y la libertad que son para nosotros de oxígeno, un retorno a la lengua hebrea, y la historia del pueblo judío en su conjunto. fundadores del sionismo vio como parte de sus objetivos, la prosperidad de la cultura hebrea, las artes hebreas “. Continuó diciendo, “los líderes del sionismo entendieron la necesidad de honrar y apreciar hebreo, y establecerlo en el centro del proyecto nacional. Pero ellos no comprendieron, que después de todas las tribulaciones que habían sufrido había una necesidad de encontrar un lugar respetable y adecuado, un lugar que no buscase para definir qué el hebreo era más o menos importantes, pero agradecería en lugar de su propia existencia. El lugar que habían soñado era la Biblioteca Nacional, un lugar para preservar, recordar, sostener, hacer accesible, y desarrollar el tesoro espiritual del pueblo judío”.
El presidente habló de la ubicación de la Biblioteca Nacional y la decisión de incluirlo en el Kiryat HaLeom (Quarter Nacional). “Aquí, frente a la sede de los tres poderes del estado, hoy estamos poniendo la piedra angular de la rama de nuestra cultura nacional. La piedra angular de un hogar agradable, amplia y completa de la belleza de la biblioteca nacional.”
Recuerdan en Israel a víctimas del Holocausto
En el Yad Vashem, el memorial en recuerdo de las víctimas en Jerusalén, se inició una ceremonia tras los dos minutos de silencio. Declaraciones de un general israelí desataron fuerte controversia.
Israel quedó completamente paralizado a mediodía de hoy y las sirenas sonaron durante dos minutos en recuerdo de los seis millones de judíos muertos en el Holocausto.
El tráfico se detuvo en las calles, carreteras y autopistas, así como también muchos transeúntes. En el Yad Vashem, el memorial en recuerdo de las víctimas en Jerusalén, se inició una ceremonia tras los dos minutos de silencio.
El primer ministro Benjamin Netanyahu señaló el miércoles por la noche que persiste el antisemitismo y aseguró que la hostilidad contra Israel no se da sólo en el mundo árabe, sino también en Occidente, y puso como ejemplo "los legisladores británicos, destacados funcionarios en Suecia o los creadores de opinión pública en Francia".
Pero fue el vicejefe del Estado Mayor, Jair Golan, quien causó revuelo al advertir durante un acto en un kibutz, también en memoria de los judíos asesinados durante el nazismo, que en la actualidad veía en Israel procesos similares a los que se vivieron en Europa antes del Holocausto.
Inusitada controversia
"Si existe algo que me da miedo cuando pienso en el Holocausto, es identificar abominables procesos que ocurrieron en Europa en general y en Alemania en particular hace 70, 80, 90 años y ver que hay indicios de ellos entres nosotros, hoy, en 2016", dijo Golan.
El Holocausto, dijo Golan, "nos tienen que hacer reflexionar" sobre el liderazgo israelí y la sociedad, sobre cómo nosotros tratamos ahora a nuestros ancianos, huérfanos y viudos.
Justo en el día en el que se recuerda el Holocausto es importante "combatir en la sociedad israelí las raíces de la intolerancia, la violencia y la autodestrucción".
Posteriormente, Golan aclaró que en ningún momento quiso comparar el Estado israelí y al Ejército con la Alemania nazi.
A pesar de que Naciones Unidas ha designado el 27 de enero como el día internacional en memoria del Holocausto, Israel suele celebrarlo el día 27 del mes judío de "Nissan", una semana antes del Día de la Independencia, simbolizando así el nacimiento del Estado de Israel de las cenizas del Holocausto.
EL(dpa, afp)
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